Bazo, órgano de tipo glandular, aplanado y oblongo de color morado-rojizo, situado en la zona superior izquierda de la cavidad abdominal, en contacto con el páncreas, el diafragma y el riñón izquierdo; está sujeto por bandas fibrosas unidas al peritoneo (la membrana que reviste la cavidad abdominal). Aunque su tamaño varía de unas personas a otras suele tener una longitud de 13 cm, una anchura de 10 cm y un grosor de 3,8 cm así como un peso de 200 g aproximadamente.
Esta cerca del estómago, riñón izquierdo y con la parte superior del colon. Normalmente está protegido por las costillas. Sin embargo, en casos de trauma severo en el pecho o abdomen, el bazo puede ser dañado. En algunas infecciones o con ciertas condiciones (cáncer, leucemia, linfoma, etc.), el bazo puede aumentar su tamaño y tender a bajar en el abdomen y quedar desprotegido, aumentando el riesgo de daño o lesión.
El bazo actúa como filtro contra organismos extraños que infectan al sistema sanguíneo, y también filtra o retira las células rojas viejas del sistema sanguíneo descomponiéndolas. Una de sus funciones es la de mantener sana a la sangre.
Estas funciones son llevadas a cabo por células fagocíticas que son capaces de tragarlas y destruir bacterias, parásitos y restos. El bazo fabrica células rojas únicamente justo al final de la vida fetal, y después del nacimiento esa función es tomada por la médula ósea. Sin embargo, en casos de algún daño en la médula ósea, el bazo se revierte a su función fetal.
El bazo también actúa como reserva sanguínea; durante el estrés u otras situaciones, cuando es necesaria sangre adicional, el bazo se contrae, forzando el envío de sangre hacia la circulación.
Algunas veces es necesario extirpar el bazo completamente, particularmente en casos de trauma, a pesar de los estudios recientes que demuestran que el bazo es mucho más importante de lo que se creía anteriormente en la lucha contra infecciones.